Durante mucho tiempo, el pádel se ha construido en torno a una imagen bastante particular: un deporte de toque, lectura del juego e inteligencia táctica, a menudo presentado como más accesible físicamente que otras disciplinas de pala.

Pero a medida que avanza el nivel global, esta visión parece corresponderse cada vez menos con la realidad del más alto nivel.

Hoy en día, el pádel profesional se considera cada vez más un deporte en el que las cualidades físicas se están convirtiendo casi en un requisito indispensable para acceder a las mejores parejas del circuito.

Una intensidad que poco tiene que ver con la de hace diez años.

Solo necesitas revisar algunos de los partidos de la World Padel Tour desde mediados de la década de 2010 para observar la evolución.

El ritmo de los intercambios se ha acelerado: estamos viendo transiciones más explosivas y una cobertura terrestre más agresiva.
Los movimientos laterales y los cambios de dirección se han vuelto permanentes.

El pádel moderno se caracteriza por una altísima repetición de acciones explosivas, con muchos sprints cortos y cambios de dirección de alta intensidad.

Esta evolución es particularmente visible entre las generaciones más jóvenes. Jugadores como Enzo Jensen, David Gala, Tino Libaak y Leo Augsburger suelen imponer una impresionante intensidad física desde los primeros disparos.

La preparación física se ha convertido en algo fundamental.

Esta evolución del juego se refleja directamente en los métodos de entrenamiento. Hoy en día, los cuerpos técnicos de las mejores parejas del mundo ya no se centran únicamente en la técnica o la táctica.

La preparación física se ha convertido en un pilar del rendimiento.

Los programas ahora incluyen entrenamiento de fuerza, explosividad, velocidad de reacción, movilidad, resistencia específica, etc.

Varios especialistas del sector explican que los jugadores profesionales siguen ahora programas individualizados adaptados al calendario de torneos y a las características de cada jugador.

El desarrollo físico ya no se considera un complemento del pádel: ahora es una parte integral del mismo.

La desventaja: las lesiones

Sin embargo, este aumento de la fuerza física tiene una consecuencia directa: un mayor riesgo de lesiones.

Estudios publicados en los últimos años muestran que las lesiones relacionadas con el pádel afectan principalmente a:

  • el codo;
  • el hombro;
  • la rodilla;
  • la parte baja de la espalda;
  • los músculos y tendones sometidos a tensión por los cambios repetidos de dirección.

Una revisión científica publicada en 2023 (Incidencia, prevalencia y naturaleza de las lesiones en pádel (BMJ Open Sport & Exercise Medicine, 2023)) informó una prevalencia general de lesiones que oscilaba entre el 40 % y el 95 %, dependiendo de las poblaciones estudiadas. Las lesiones de tendones y músculos fueron de las más frecuentes.

Otros estudios también han puesto de manifiesto una elevada proporción de lesiones por sobreuso, especialmente en la rodilla, el codo y la zona lumbar.

El futuro del deporte de élite también dependerá del estado físico.

El pádel siempre será un deporte donde la lectura del juego y la inteligencia táctica marcan la diferencia. Pero el nivel más alto ahora parece exigir mucho más que solo buena técnica con las manos.

Las mejores parejas del mundo en la actualidad combinan potencia, explosividad, resistencia y maestría táctica.
Además, la diferencia entre generaciones ya no es solo técnica. También es atlética.

Y a medida que el circuito se profesionaliza cada vez más, es probable que esta tendencia se intensifique aún más en los próximos años.

Porque en el pádel moderno, la fuerza física ya no es solo una ventaja.

Se está convirtiendo gradualmente en un requisito indispensable.

Antoine Tricolet

Descubrí el Padel Llegué a España por casualidad en un camping. Me enamoré del pádel al instante; llevo tres años apasionado por este deporte y sigo las noticias internacionales y regionales con la misma ilusión que el propio deporte.